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Usuario :    En 1946, finalizada la Segunda Guerra Mundial, un correspons . . .
 
 
 

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(ADAPD: les acerca este artículo que entendemos debe ser leído con detenimiento, y objetividad. Luego pensar qué estamos haciendo cada uno de nosotros por evitar que se siga destruyendo la República Argentina, desde la barbarie instalada en el poder. Los invitamos a hacernos llegar sus comentarios y sus ideas, a   adapd@adapd.org.ar).

 

En 1946, finalizada la Segunda Guerra Mundial, un corresponsal de guerra norteamericano entrevistó a Hermann Goering, que estaba en prisión. En un pasaje de la entrevista, el jerarca nazi le dijo a Henry Taylor: "Ustedes en su América están tomando una serie de medidas que a nosotros nos causaron problemas. Intentan controlar los salarios y precios, es decir, el trabajo del pueblo. Si hacen esto, también deben controlar la vida del pueblo. Y ningún país puede hacerlo en forma parcial. Yo lo intenté y fracasé. Tampoco pueden hacerlo en forma total. También lo intenté y fracasé? Creo que sus economistas deberían enterarse de lo que pasó aquí".

 

Este pasaje viene a cuento porque hay mucha experiencia histórica sobre los fracasos del intervencionismo estatal, pero el Gobierno desconoce los estrepitosos fracasos de los "burócratas iluminados" que creen saber mejor que la gente qué se debe producir, en qué calidades y a qué precios debe venderse. De acuerdo con las declaraciones de Goering, lo que se percibe en la Argentina es no sólo el rumbo que tomará la economía en los tiempos que vienen, sino, lo que es más preocupante, cuál será el grado de cercenamiento de las libertades individuales a que seremos sometidos en la medida en que la situación económica se complique más. Dicho en otras palabras, la ausencia de calidad institucional llevó a la actual crisis económica y, a su vez, ante las crecientes complicaciones, todo indica que, para el Gobierno, la solución pasa por deteriorar aún más las instituciones para imponer el supuesto "iluminismo burocrático", "iluminismo" que seguirá negando la realidad.

 

Un par de semanas atrás, Cristina Kirchner anunció como gran éxito de la política económica que la desocupación bajó al 7,8%. Pocos días más tarde, el ministro Tomada mantuvo reuniones con empresarios para frenar los despidos, mientras otros funcionarios presionaban a empresas para que no redujeran personal. Luego se habló de subsidiar empresas para que no echaran empleados, y Moyano reclamó la doble o triple indemnización. Es decir, del anuncio del "exitoso" plan económico que había bajado la desocupación, pasamos al pánico por la suba del desempleo.

 

Del efecto jazz y la fortaleza con que la economía local podía enfrentar la crisis global, ahora resulta que la culpa de lo que pasa se debe al impacto internacional en la economía local. De la holgura fiscal, pasamos a la confiscación de los ahorros previsionales. Del desendeudamiento, pasamos al borde del default. Del "chau, Fondo", a que el presidente del Banco Central le reclamara al FMI créditos para enfrentar las corridas cambiarias con la condición de que no se fiscalice.

 

De pagarle con cash al Club de París y arreglar con los holds outs, pasamos a la búsqueda de fondos para no defaultear. No caben dudas de que el matrimonio tiene un serio problema con la realidad y son incapaces de ruborizarse frente a sus discursos tan contradictorios. El problema es que un gobierno contradictorio genera incertidumbre, y ésta produce fuga de capitales y ausencia de inversiones. Y todo esto produce pobreza.

 

Ahora bien, si en los años en que el Gobierno se benefició por el viento de cola que traía el mundo, igual

 
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