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Usuario :    Mismo final para los mismos errores - 26/01/2009 . . .
 
 
 

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(ADAPD: reproducimos un artículo del Sr Cachanosky; agregamos al mismo que la ruptura de los contratos fue además discriminatoria. Por otra parte, si bien coincidimos en el diagnóstico en términos generales, nos gustaría contar con una propuesta de soluciones, vislumbrar un proyecto de país consensuado, y un conjunto de dirigentes capaz de implementarlo. No vemos esto último por el momento, con lo cual la desconfianza en el sistema es aún mayor)

 

por Roberto Cachanosky

 

Las recurrentes crisis económicas que hacen colapsar a un gobierno tras otro en la Argentina se explican por la falta de límites al poder que permite aplicar políticas económicas inconsistentes.  

 

Cuando en el 2002 se decidió abandonar la convertibilidad, lo que se buscó fue generar un violento cambio de precios relativos a través del tipo de cambio. Hacer baratos en dólares los salarios, uno de los insumos de la producción. Al margen de si uno está o no de acuerdo con esta herramienta, lo cierto es que está decisión implicó romper algo fundamental para el funcionamiento de la economía: la validez de los contratos. La devaluación hizo más baratos los salarios pero dejó a la Argentina sin instituciones confiables. Sin reglas de juego previsibles.

 

Luego vinieron Néstor y lo que hizo fue profundizar la ruptura de los contratos. En una economía en la cual no se respetan los acuerdos entre particulares, no hay posibilidad de hacer acuerdos comerciales de largo plazo porque el sistema jurídico imperante no asegura que, en caso de litigio, una de las partes cumpla con sus obligaciones. Por eso hoy la economía carece de ahorro de largo plazo, crédito a tasas pagables e inversiones. Basta con ver la relación depósitos a plazo fijo/PIB para advertir que el sistema financiero argentino es básicamente transaccional. Es decir, fundamentalmente tiene depósitos para pagar los sueldos, la cuenta de luz, los impuestos, etcétera.

 

El dilema que hoy tiene la Argentina es que Néstor potenció esa falta de respeto por los contratos entre los particulares y los particulares con el Estado. La regla que impera es la de los sistemas autocráticos, con una escenografía de democracia, por la cual el que tuvo la primera minoría (y dudosa por cierto) decide a su antojo las reglas que van a imperar y las puede cambiar caprichosamente en cualquier momento. Hoy la Argentina no tiene horizonte posible sin volver al sistema republicano de gobierno. Dicho en otras palabras, si bien el modelo económico es inconsistente y está colapsado, lo cual lleva a la gente a tener un profundo temor sobre su futuro y por eso retrae el consumo, el problema fundamental no es solamente económico, es básicamente institucional. La gente tiene incertidumbre por lo que puede llegar a hacer el gobierno. Bastar con ver con lo que hace con el campo, que por capricho lo ha llevado a su destrucción, mordiendo la mano de quien le daba de comer y lo sostenía en el poder con los recursos impositivos que le aportaba, sino también con el tema de las AFJP y tantas otras aberraciones jurídicas y económicas, al punto que ahora empiezan a tratar de husmear qué hay en las cajas de seguridad y vaya a saber qué otra cosa se les ocurre en el futuro cuando la situación económica y los conflictos sociales tengan una escalada mayor. Porque ha quedado demostrado que, ante los problemas, Néstor se vuelve más arbitrario en las medidas que adopta.

 

Desde el punto de vista económico el gobierno se ha quedado sin instrumentos para enfrentar la crisis. No puede hacer política monetaria sin caer en hiperinflación. No puede tomar créditos porque nadie les presta. E intentar nuevos impuestazos en este con

 
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