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Usuario :    Yo, el yuyito- 6/04/2009 . . .
 
 
 

 

(ADAPD: nos preguntamos si las acciones que describe el autor del artículo fueron hechas por soberbia y desconocimiento, o se estuvo buscando un rédito económico personal?. Además vemos que la falta de inversiones se dio mucho antes del conflicto con el campo: se dio cuando se declaró el default, cuando el gobierno  avanzó en la ruptura de  contratos del Estado con particulares y contratos entre particulares, esto es cuando se viola la seguridad jurídica y las instituciones de la República no cumplen con sus roles constitucionales; mientras algunos sigan negando que el tratamiento de la deuda en default por Kirchner-Lavagna fue y sigue siendo negativo para el país, no habrá camino de retorno para la Argentina del dengue, el paludismo, el cólera, etc).

 

 

Roberto Cachanosky

 La soberbia del matrimonio presidencial destruyó la actividad económica, paralizó la inversión y destrozó las ilusiones de millones de familias argentinas. 

 

Cuando la presidente Cristina Fernández de Kirchner tuvo la mala idea de referirse a la soja como el “yuyito” y su marido la peor idea de enfrentarse a muerte con el campo, ambos cometieron el error de su vida. Un error que no sólo los destruyó políticamente, sino que, además, llevó la economía a la parálisis que hoy estamos viendo. Tal vez, si hubiesen leído un pequeño texto escrito por Leonard Reed 50 años atrás y titulado “Yo, el lápiz” hubieran advertido que el camino que tomaban los conduciría al fracaso.

 

En ese famoso ensayo, Leonard Reed explica todo el complejo sistema económico que tiene que funcionar para fabricar un simple lápiz de grafito. En principio, alguien tiene que dedicarse a la forestación para producir la madera que se utilizará para fabricar el lápiz. Otro tendrá que elaborar las máquinas y herramientas para talar los árboles. Un tercero tendrá que generar los insumos para crear esas máquinas y herramientas: acero, caucho para los neumáticos y plástico, entre otros. Alguien deberá invertir en cemento para construir las rutas que permitan transportar, primero, la materia prima y, luego, el producto terminado. También alguien deberá invertir para extraer el grafito. Para ello, tendrá que contratar mano de obra, instalar una fábrica y comprar equipos y herramientas. Otro deberá estar dispuesto a asignar capital para fabricar la pintura para terminar el lápiz. Nuevamente, fabricar la pintura exigirá contratar mano de obra, comprar productos químicos, transportarlos, empacarlos, comercializarlos y distribuirlos.

 

En síntesis, Reed demuestra que la producción de un simple lápiz de grafito requiere de infinidad de tareas, decisiones de inversión y creación de puestos de trabajo que nadie coordina. Simplemente, la gente va tomando decisiones en base a los precios que se pagan en el mercado por cada uno de los insumos necesarios para producir el lápiz y lleva adelante su tarea. En libertad y sin que ningún mandamás le esté pegando con un látigo para que produzca como si fuera un esclavo.

 

El mensaje de Leonard Reed en ese pequeño ensayo consistió en mostrar cuán complejo es el sistema de asignación de recursos. Al mismo tiempo, demostró cómo la capacidad de innovaci&oacut

 
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