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Usuario :    Un país que se fragiliza día a día – 02-09-2009 . . .
 
 
 

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Últimamente vemos innumerables diagnósticos sobre la situación del país, con una conclusión común: la Argentina profundiza cada día más la inseguridad jurídica y en ese contexto no hay inversiones productivas, en consecuencia no hay trabajo y aumenta la pobreza. Diagnóstico que hemos venido sosteniendo desde el 2002, en solitario, ya que algunos espejismos por un lado, e intereses por otro, han nublado las visiones de la realidad.

 

La inseguridad jurídica implica que la democracia representativa, republicana y federal, no existe como forma de gobierno efectiva, sino que es una fantasía que solamente permite a los ciudadanos votar cada tanto, pero en la cual no existe independencia de poderes y por lo tanto, no hay garantías de respeto a los derechos constitucionales de los habitantes de nuestro país. Tan simple y repetido como ello.

 

Votamos, pero sin opciones verdaderas debido a la existencia de acuerdos perversos entre sectores de poder, y sin que los legisladores electos por listas sábana y los jueces sujetos a un Consejo de la Magistratura de corte político, todo manejado por quienes mueven los hilos del Ejecutivo, puedan ejercer sus deberes de funcionarios públicos respetando la Constitución Nacional.

 

Esta inseguridad jurídica se traduce en la práctica, en una limitación cada vez más grave de los derechos de los habitantes de nuestro país, esto es una limitación al derecho de propiedad, al derecho a la educación, a la salud, al trabajo... y al final, a la libertad de elección que un país libre y serio debería contener.

 

La corrupción se ha enquistado en los valores de la sociedad, la falta de ética es una constante entre aquellos que cambian de discurso como de vestimenta. La mentira, la descalificación personal del que piensa distinto sin discutir ideas, la búsqueda de enemigos comunes y paradigmas tan populistas como falsos, han signado los últimos años de la vida nacional, con espejismos de bienestar que solo resultaron circunstanciales y casuales, porque han estado vacíos de planificación consensuada de largo plazo y de fundamentos sólidos.

 

Como dijimos al principio, ahora los diagnósticos abundan, varios por día, incluso desde quienes apoyaron en su momento esta carrera hacia la corrupción.

 

Lo que no se perciben son las soluciones. Qué es lo que debe hacerse para evitar que quienes acceden al gobierno, cumplan con sus deberes constitucionales en beneficio de la sociedad y no en su propio beneficio.

 

¿ Cuál es el camino, quiénes son los responsables que deben  liderar el camino para convertirnos en un país serio?. Convertirnos en un país que sea creíble, con reglas de juego claras que se respeten aunque cambie el color político de los gobernantes, garantizando la continuidad jurídica del Estado; un país en el cual se respeten los derechos de cada uno y de todos, en el cual se cumplan los compromisos asumidos para atraer inversiones productivas que generen trabajo y bienestar generalizado, para que no haya que recurrir a dádivas humillantes que compran votos y anulan el futuro de las generaciones por venir.

 

 
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