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Usuario :    Y finalmente amenazó con tirarle el problema a la oposición . . .
 
 
 

Al inicio de la semana por Roberto Cachanosky

 

 

 En lugar de que la presidenta pida al resto de los políticos que piensen en el país, sería bueno que ella y su esposo dejen de pensar en su conveniencia y empiecen a pensar en la Argentina.          

 

Y finalmente Cristina Fernández de Kirchner lo dijo. ¿Qué? Algo que muchos presumíamos: “O hacen lo que yo quiero o les tiro el gobierno por la cabeza para que tenga que asumir los costos del lío que hicimos”.

 

¿En qué baso mi afirmación? En su discurso del viernes pasado (creo que fue uno solo) cuando afirmó, hablando del supuesto ajuste y en un claro mensaje a la oposición: “Conmigo no, si quieren ajustar, que vuelvan ellos”.

 

Claro, los números fiscales de febrero siguen mostrando el desmadre fiscal. Comparando febrero de este año con febrero del año pasado los gastos totales aumentaron el 36,9% y los ingresos totales el 30%, con algún dibujo en los ingresos corrientes donde aparecen unos $1.578 millones de rentas que tuvo el gobierno nacional que vaya uno a saber de dónde salieron. La planilla Excel que emite el Ministerio de Economía no explica que son.

 

Cuando se comparan los ingresos corrientes (incluyendo esos $ 1.578 millones) con los gastos corrientes, el incremento anual es del 30,2%. Los ingresos impositivos solo subieron un 21%, bastante poco considerando la espiral inflacionaria que ha creado el gobierno. Mientras los dibujados ingresos corrientes subieron el 30,2% los gastos corrientes crecieron el 38,7%. Estos números permiten estimar, para febrero, un déficit fiscal (luego del pago de los intereses de la deuda) del orden de los $ 1.200 millones o algo más.

 

¿Qué es lo que quiere el gobierno? Seguir aplicando una política de gasto populista e irresponsable y financiarla consumiéndose las reservas. Con esto puede “ganar tiempo” y, paralelamente, le dejan al próximo gobierno una economía plagada de subsidios, inflación, distorsión de precios relativos, gasto público desbordado y tarifas de los servicios públicos artificialmente retrasadas.

 

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