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Usuario :    El Poder Ejecutivo y el Poder Absoluto - 23-2-06 . . .
 
 
 

Estrategia de pinzas (extracto parcial del Análisis Político y Económico de los Dres Massot y Agustín Monteverde del 21-2-06)

Hoy, salvo imponderables de último momento, la bancada oficialista y sus aliados de las más distintas observancias ideológicas —los hay peronistas, frepasistas y radicales; de izquierda, de centro y de derecha por igual— darán la batalla, largamente anunciada, para aprobar la polémica reforma del Consejo de la Magistratura. Si, como todo lo hace prever, saliesen airosos del trance, Néstor Kirchner habrá transformado en realidad uno de esos deseos que a cualquier presidente de una república como la nuestra le quitan el sueño: tener la facultad de designar y de desplazar jueces a piacere (ADAPD: como si la inseguridad jurídica en Argentina no fuese ya suficiente para causar daño a los sufrientes ciudadanos) .

Nada que mueva a sorpresa o resulte novedoso en un país que declama, a diario, tener unas instituciones a las cuales nadie parece llevarles el apunte. Pero si los diputados que reportan a la Casa Rosada consiguiesen los 129 votos necesarios y la ley fuese finalmente sancionada, lo que se pondría en evidencia, al margen de su significado jurídico, es la reafirmación del poder hegemónico kirchnerista. Recuérdese que, hace un mes, poco más o menos, fue a propósito del tema de marras que, dejando de lado sus diferencias, todo el arco opositor —desde Lozano a Macri y desde Binner a López Murphy y Carrió, sin olvidar a los colegios de abogados, un sinnúmero de ONG’s y otras organizaciones entre las cuales se contaba el CELS, que siempre ha defendido a rajatabla a Kirchner— se congregó en torno de una mesa para hacer oír su rechazo al proyecto del oficialismo. Kirchner, pues, bien podrá vanagloriarse de haber vencido a todos sus adversarios juntos. (ADAPD: nos preguntamos cuántos ciudadanos de Argentina son hoy concientes de los peligros que esta situación entraña para el malestar de la mayoría del pueblo?).

 

En este orden merecen mención aparte los tejes y manejes del kirchnerismo y quienes, hasta el pasado 24 de octubre, respondían a Eduardo Duhalde. Al presidente le interesa que el PJ bonaerense no se funda y confunda con el Frente para la Victoria. A condición, claro, que en las cuestiones de carácter estratégico vote de acuerdo con las instrucciones del Poder Ejecutivo. La estrategia detrás de esta jugada va mucho más allá de la citada reforma del Consejo de la Magistratura.

En realidad, lo que preanuncia el voto de hoy —favorable a Kirchner— de buena parte de los ex–duhaldistas, es un anticipo de cuanto podría suceder en las elecciones del 2007 en la provincia de Buenos Aires. O sea, marchar a las elecciones con listas separadas, coincidiendo en un mismo candidato a presidente y a gobernador. Así, el peronismo obraría en el principal distrito electoral del país con arreglo a una maniobra de pinzas, nutrida —como sucederá dentro de pocas horas en la Cámara de Diputados— por la izquierda y la derecha del movimiento. Es a la luz de semejante despliegue táctico que se entiende el parate de Néstor Kirchner a Felipe Solá cuando éste, dos semanas atrás, hizo pública su intención de avanzar sobre las autoridades del PJ bonaerense y recibió una reprimenda explícita de la Rosada. Inclusive en los mentideros políticos afirman que el santacruceño le habría dicho a Solá algo así: “Díaz Bancalari y Curto son amigos; vos no te metas”. Mantener la independencia formal del PJ respecto del FPV es de vital importancia para Kirchner si quiere ser reelecto. ¿Por qué intervenir al partido o para qué reemplazar a Díaz Bancalari y a Curto, que dieron la batalla el 24 de octubre pasado junto al de Lomas de Zamora  sin ganas pero, al mismo tiempo, sin afilar agravio alguno contra el matrimonio gobernante?

 

Este mensaje en mayor o menor medida es el que Kirchner espera repetir en aquellos

distritos en los cuales las estructuras del PJ y del FPV son sólidas y, a la vez, reacias a unirse. Forzar una asociación dejaría una cantidad de heridos importantes que podrían buscar cobijo en otros partidos. Respetar su autonomía, en cambio, si aceptan la condición de llevarlo en sus boletas como candidato a la presidencia y, eventualmente, a un candidato a gobernador puesto por la Casa Rosada, no puede ser mejor negocio. En atención, sobre todo, a la necesidad de evitar —si acaso fuese posible— una segunda vuelta electoral que siempre representa un peligro.

Hoy también será materia de examen en la cámara baja el diferendo con Uruguay, en el que Kirchner ha decidido escalar con prisa y sin pausa. Sin entrar en detalles de sobra conocidos, está claro que las posiciones a uno y otro lado del Río de la Plata se vuelven, conforme pasan las horas, más irreductibles.

Ni Kirchner puede, a esta altura de los circunstancias, ponerle freno a los cortes de ruta —que es cuanto exige el gobierno uruguayo para sentarse a negociar— ni Tabaré Vázquez puede parar las obras por espacio de 90 días —que es lo que pide el gobierno argentino.

Solicitar la intervención de la Corte de La Haya que no es, de suyo, una mala decisión, tiene el inconveniente no menor del tiempo que ese tribunal deberá tomarse a los efectos de dar su veredicto. Mientras tanto, en Uruguay las dos plantas estarán terminadas y en funcionamiento. Porque llegados a esta instancia, en el vecino país prácticamente todos los factores de poder y la gente han hecho del tema una causa nacional. De modo tal que retroceder podría ser funesto para el gobierno actual que tampoco se ha quedado atrás en eso de escalar el conflicto. Dos factores, entre otros que sería largo analizar, podrían modificar el statu quo , claramente favorable a los uruguayos en este momento. Uno —la postergación de los créditos del Banco Mundial a las firmas finlandesas y españolas responsables de las plantas pasteras— beneficiaría a la Argentina porque el proyecto sufriría una demora importante. El otro —el cese de los cortes de ruta por efecto del cansancio de los entrerrianos o del invierno— beneficiaría a ambos países porque podría abrir un espacio para las negociaciones que hoy permanece herméticamente cerrado.

 
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