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Usuario :    Crece el descontrol de las cuentas públicas (Do you remember . . .
 
 
 

Crece el descontrol de las cuentas públicas (Do you remember the 90’s?)- 4-4-06

 

Néstor Kirchner se ufana de ser el 1er. Presidente de la Nación que gobierna con un superávit fiscal. Sin embargo, la administración K tiene control de las cuentas públicas. Se ignora cómo se ejecuta el Presupuesto; y cómo se obtiene el financiamiento internacional.

 

 POR CLAUDIO M. CHIARUTTINI
 

La siguiente es una investigación de la revista EDICIÓN i:

1. Tres medias verdades y un error
 
 Para explicar la ruptura de la Convertibilidad, tres discursos se impusieron en ciertos círculos económicos y políticos motorizados por la Unión Industrial Argentina y los creadores del Modelo Techint:
 
 > El congelamiento de la paridad entre el peso y el dólar creó una falsa relación de cambio entre las dos monedas.
 
 > Las sucesivas emisiones de deuda externa hicieron al país inviable y a la propia deuda en impagable.
 
 > Se debió emitir tanta deuda pública externa porque la creación de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones le quitó gran cantidad de dinero a las arcas públicas.

 Ya que el objetivo era romper la relación del 1 a 1 y provocar una devaluación, se eligieron tres medias verdades y se las distorsionó lo suficiente como para ocultar otro tipo de explicaciones que, en realidad, son las verdaderas causas de la invalidez de los cambios fijos en un mundo de cambios flotantes.
 
 Por ejemplo, es cierto que un esquema fijo de conversión monetaria impedía reflejar los cambios de valor que tenía tanto el dólar como el peso con respecto a terceras monedas y entre sí, pero la devaluación no borró esas distorsiones y, menos, la actual convertibilidad forzada de $ 3,10 por US$ 1.
 
 En cuanto a la cuestión de la deuda pública externa, merece un libro. Nos han vendido que los bancos internacionales y el Fondo Monetario Internacional hicieron lo imposible para endeudarnos pero, a decir verdad, los montos anuales de colocación de bonos de deuda fueron aprobados, sin crítica alguna, por el Congreso. Ni siquiera los legisladores de Santa Cruz opusieron reparos. Y eso que hubo una legisladora de apellido de casada Kirchner, creo.
 
 ¿Por qué se emitió deuda? Muy sencillo: los gastos públicos aprobados por el Ejecutivo y el Legislativo eran crecientes, la recaudación no acompañaba la velocidad de aumento del gasto y el ‘bache’ se zanjaba con bonos que se colocaban en el mercado doméstico o en el exterior.
 
 2. Descontrol x 2
 
 Hasta ahora, ningún gobernador ha hecho un ‘mea culpa’ por el aumento del gasto y las emisiones de deuda realizadas durante los ´90, tampoco ningún diputado o senador, menos las autoridades que estuvieron en el Ejecutivo entre 1990 y 2001. No fue poco: el Gobierno argentino realizó cerca de 200 emisiones de deuda y se recaudaron unos US$ 20.000 millones, ¿a que se aplicó ese dinero?
 
 Aquí entran las AFJP: según el discurso devaluador, el dinero que tenía que ir a las cajas jubilatorias y que pasó a mano de los fondos de pensión debía ser cubierto por mayor recaudación. Es cierto que el ingreso de la jubilación privada le sacó dinero al Estado, pero desde los ‘80 que el sector público recaudaba menos dinero del que pagaba en jubilaciones.
 
 Además, mientras que en Chile se ordenó que los fondos de pensión invirtieran todos sus aportes al sector productivos, en la Argentina, el Estado se quedó con el 60% de las inversiones que tenían que hacer las AFJP. Dado que el Gobierno también colocaba bonos entre los bancos que también tenían depósitos de las AFJP, casi 80% de los aportes de la jubilación privada volvían al Tesoro Nacional.
 
 Concentrado el discurso devaluador en estos tres argumentos, poca importancia se le dio al creciente aumento del gasto público durante los ´90, a pesar de las privatizaciones. Incluso, el Estado nacional y provincial se convirtieron en los mayores empleadores de la Argentina acelerando el desgaste de las cuentas oficiales.
 
 > El descontrol de las cuentas públicas generó el proceso hiperinflacionario de los ´80.
 
 > El descontrol del gasto público aceleró el derrumbe de la Convertibilidad.
 
 Son dos lecciones valiosas, pero Néstor Kirchner parece que no las aprendió y avanza rumbo a cometer los mismos errores.(Ver cuadro 1)
 
 3. Impuestos distorsivos
 
 Néstor Kirchner logra un importante superávit fiscal basado en dos impuestos distorsivos:
 
 > las retenciones, y
 
 > el llamado Impuesto a las Transacciones Financieros o al Cheque.
 Entre ambos, aportan cerca del 30% del total de la recaudación del Tesoro Nacional y permiten ‘el aire’ necesario para gastar en forma indiscriminada.
 
 Varios trabajos privados han demostrado que, ya que Néstor Kirchner aumenta el gasto público más rápido que la recaudación (por ejemplo, en 2005 la relación fue de 25% contra 20%, respectivamente), sin los impuestos distorsivos ‘el rojo’ en las cuentas públicas ya habrían aparecido, a pesar del aumento de 35% en el Producto Bruto Interno desde la salida de la Convertibilidad.
 
 Para colmo, cuando era ministro de Economía, Roberto Lavagna realizaba proyectos de presupuestos nacionales falsos, ¿por qué nunca habrá escrito sobre eso la consultora Ecolatina?, basados en proyecciones de crecimientos menores a las realmente esperadas por las autoridades económicas. Lavagna lo hacía para conseguir, entonces, un excedente de caja muy elevado, que podía gastar sin solicitar la autorización del Congreso.
 
 De esta forma, en el año 2003 el excedente de caja estuvo cerca de los $ 5.000 millones, para el 2004 se ubicó en $ 17.000 millones y en el decisivo año electoral 2005, el monto llegó a casi $ 19.000 millones. Sin embargo, no todos esos recursos quedaron guardados en una caja de ahorro en el Banco Nación esperando malos momentos para ser utilizados.
 
 Según estimaciones privadas, de los $ 41.000 millones excedentes obtenidos en la recaudación se habrían gastado sin control cerca de $ 30.000 millones. En su mayoría, utilizando el mecanismo autorizado por el Congreso de reasignación de partidas presupuestaria por parte del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
 
 4. Otra de Menem-Cavallo
 
 La administración, totalmente voluntaria, del gasto público, sin respetar la votación realizada en el Congreso, es un procedimiento irregular que se remonta a 1994 cuando Carlos Saúl Menem solicitó a Domingo Felipe Cavallo que la Argentina no aceptara el control de las cuentas públicas por parte del Fondo Monetario Internacional.
 
 En paralelo, se dejó de enviar el Presupuesto Post-puesto, es decir, la rendición del Presupuesto del año anterior al Congreso.
 
 De esta forma, desde 1994, ningún Presidente de la Nación fue obligado a hacer auditar sus presupuestos por el Congreso. Curiosamente, una de las responsabilidades esenciales del Legislativo es la realización de esa auditoría que permite que los representantes de los contribuyentes accedan a una rendición de cuentas del Ejecutivo.
 
 Néstor Kirchner intentó en 2005 que el Congreso diera un ‘visto bueno’ a los gastos de los años 2003 y 2004. Sin embargo, los senadores dijeron que debía hacerse todos los controles desde 1994. Desde el oficialismo se intentó que los números se aprobaran, ‘a libro cerrado’.
 
 Sin embargo, el Senado no lo aceptó y la maniobra debió abandonarse.
 
 Así, aplicando los llamados Superpoderes, el Jefe del Gabinete de Ministros de la Nación ha realizado, desde mayo del año 2003, cerca de 3.000 cambios a las asignaciones de las partidas previstas en el Presupuesto Nacional, y no le informó al Congreso acerca del destino de los excedentes obtenidos en la recaudación fiscal.
 
 En definitiva, Kirchner vuelve al procedimiento irregular, tal como hizo con los fondos de Santa Cruz. No parece importarle que ahora se trata del dinero de los contribuyentes de todo el país. (Ver cuadro 2)
 
 5. El agujero negro
 
 Evidentemente, Néstor Kirchner aborrece dar explicaciones. Una actitud similar tuvo Roberto Lavagna. Bueno... no hay explicaciones para nadie excepto para el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, porque en él se encuentran delegados los Superpoderes concedidos por el Legislativo.
 
 Lo concreto es que nadie le explica al contribuyente-elector-representado qué ha ocurrido y qué sucede con los dineros excedentes del sector público. Para obtener una pista, casi hay que realizar una investigación más apropiada para un detective que para un periodista o un economista.
 
 Por ejemplo, los funcionarios del Ejecutivo dicen –y los del Legislativo no cuestionan- que el crecimiento de los depósitos públicos es consecuencia del depósito de los recursos excedentes en las cuentas bancarias del Estado. En parte, es cierto. Según las estadísticas del Banco Central, desde la salida de la Convertibilidad han crecido cerca de 20 veces las colocaciones públicas.
 
 Sin embargo, un depósito bancario del sector público no indica, necesariamente, que provenga del Tesoro Nacional. Por un lado, las provincias y los municipios también realizan colocaciones y son considerados depósitos del sector público; por otra parte también lo hacen los fondos fiduciarios y los organismos descentralizados como el Comfer, la Anses y el Pami. Entonces, un depósito público no implica dinero del Estado Nacional.
 
 Desde la salida de la Convertibilidad, las provincias y los municipios han recibido cerca de $ 200.000 millones en concepto de redistribución de la coparticipación federal de impuestos, y una porción de ese dinero fue depositada en el sistema bancario.
 
 Sin embargo, al día de hoy nadie conoce el monto exacto. Resulta como un ‘agujero negro’ fiscal.
 
 Los fondos fiduciarios y los organismos descentralizados del Estado Nacional han recibido desde la salida de la Convertibilidad cerca de $ 150.000 millones y, como en el caso anterior, gran parte se gastó y una parte quedó como depósito bancario. Sin embargo, también se carece de todo informe oficial sobre el uso del dinero público.
 
 Es más, Roberto Lavagna anunció, y Felisa Miceli confirmó, que los excedentes de la recaudación del Presupuesto 2005 se volcaría a un Fondo Anticrisis que, para abril del año 2006, alcanzarían un saldo de cerca de $ 4.000 millones.
 
 Sin embargo, hoy se desconoce algún estado de cuenta del Fondo Anticrisis, ni donde está depositado ese dinero.
 
 A pesar de tener mayor recaudación que gastos, la Casa Rosada exigió al Ministerio de Economía que aproveche el dinero público sobrante para financiar pagos de deuda externa y al Fondo Monetario Internacional.
 
 Por ejemplo, se han colocado bonos por cerca de $ 5.000 millones entre la Anses, el Pami y diversos fondos fiduciarios, pero el monto total de las emisiones de bonos, su vencimiento o condiciones de emisión siguen resultando desconocidas.
 
 Se desconoce en qué se usó el dinero tomado de organismos no centralizados, cuando se devolverán y, en que forma, aumentan el gasto público nacional. También se ignora si serán considerados deuda pública interna. Por ejemplo, los adelantos transitorios que realiza el Banco Central no se consideran un pasivo. Y no es una cifra menor: casi $ 15.000 millones.
 
 Entre los tan variados como abundantes dineros que administra el Estado, se desinforma todo acerca del dinero que deben dejar, aplicado al encaje bancario o efectivo mínimo, quienes pretendan realizar inversiones financieras en la Argentina.
 
 El Banco Central, institución que debería encargarse de la gestión de esos fondos, tampoco lo informa.
 
 El resultado es que también se ignora la cantidad de dinero real que ingresa como inversiones en la Argentina. ¿Serán tan exigua, limitada, escasa, pobre la cantidad que les provoca vergüenza a Martín Redrado y a Felisa Miceli, quienes omiten informar hasta el monto ‘encajado’ y su aplicación?
 
 6. Un BCRA muy débil
 
 Leer el ‘Estado Resumido de Activos y Pasivos del Banco Central’ provoca más dudas que certezas. En contra de lo que ocurre en otras entidades financieras, para el BCRA son pasivos aquellos montos que para los bancos son activos, y viceversa. Por eso se generan muchas confusiones. Por ejemplo:
 
 > Las reservas en oro del BCRA suman sólo $ 3.000 millones.
 
 > En divisas, sólo $ 6.500 millones.
 
 > Colocaciones realizables en divisas (¿a qué se refiere?) casi $ 54.300 millones.
 
 > Bonos recibidos por el ingreso a la Convertibilidad en 1990: $ 9.500 millones.
 
 > Letra recibida por el pago al FMI por Néstor Kirchner: $ 29.300 millones.
 
 > Créditos entregados al sistema bancario: $ 12.000 millones.
 
 > Dato a favor: hay previsiones por incobrabilidad por casi $ 2.800 millones que, antes de fin de año, podrían ser neutralizados, en especial, si el Banco de la Provincia de Buenos Aires cancela sus deudas con el BCRA.
 
 Dato muy negativo: para comprar dólares el BCRA ya lleva emitidos $ 33.000 millones, y la cifra crece semana a semana.
 
 Con estos números a la vista es claro que el Banco Central tiene pocos activos, demasiados pasivos y sólo es cuestión de tiempo hasta que regrese el temido déficit cuasifiscal.
 
 Para impedirlo, Martín Redrado tomó dos medidas en las últimas tres semanas:
 
 > Aumentó los encajes bancarios, pero los hizo no remunerativos, es decir, el BCRA no pagará un interés de su caja por la inmovilización del dinero.
 
 > Anunció una reducción en el monto del dinero que se paga por el encaje de los depósitos que realizan los fondos comunes de inversión.
 
 Si bien es cierto que durante la gestión de Pedro Pou como presidente del Banco Central, la entidad tenía ganancias cercanas a los US$ 1.000 millones, el balance 2005 cerró para el BCRA de Redrado con utilidades de $ 2.500 millones.
 
 De esta forma, entre 50% y 80% de las ganancias del Central, a la larga o a la corta, son girados al Estado Nacional y se suman a la recaudación fiscal.
 
 7. La inflación
 
 Para el futuro del Banco Central, el año 2005 fue un año clave: el pago forzoso al FMI apelando a dólares comprados con emisiones de deuda de la propia autoridad monetaria, debilitó sus cuentas patrimoniales, le obligó al BCRA a colocar más deuda para recomprar divisas -acelerando su endeudamiento y el pago acelerado de deudas por parte de entidades financieras por los redescuentos otorgados en 2002-, regresó a la inflación al centro de la escena. Y vale la pena repetirlo: debilitaron a la institución.
 
 Por acción de Martín Redrado, o por omisión, la voluntad avasallante de la Casa Rosada obligó a la autoridad monetaria ha realizar cambios operativos que han tenido impacto en la economía real.
 
 Entonces, por ejemplo, se abandonaron las llamadas ‘metas de inflación’ y las sucesivas emisiones e inyección de dinero comprando divisas han acelerado la inflación e hicieron subir la tasa de interés.
 
 A fines de marzo de 2006, el Banco Central avanzó rumbo al enfriamiento de la economía, no goza de salud patrimonial y se encuentra a un paso de volver a provocar un déficit cuasifiscal.  

Y todo esto por realizar operaciones que no se explican al público y responden a las necesidades de la Casa Rosada. Es decir: Política, exclusivamente.
 
 8. La deuda con maniobras sospechosas
 
 Durante su discurso inaugural ante el Congreso de la Nación el pasado 1º de marzo, Néstor Kirchner mencionó en cuatro oportunidades la renegociación de la deuda externa.
 
 Menos de un mes después, en el Palacio de Hacienda festejaron los datos al cierre del año 2005: US$ 118.000 millones de deuda externa.
 
 Sin embargo, una parte de la verdad no es toda la verdad, ya que luego de renegociada la deuda, el monto total reconocido por Economía fue de US$ 126.500 millones. Las cuentas estuvieron ‘algo’ manipuladas.
 
 Por ejemplo, no se consideró la deuda nominal pendiente de negociar (US$ 24.000 millones), los juicios pendientes en el tribunal Ciadi (con reclamos por US$ 35.000 millones en concepto de deuda contingente), las deudas lanzadas con organismos descentralizados (cerca de $ 5.000 millones) y las deudas judiciales pendientes del Estado Nacional (algunos los estiman en $ 35.000 millones).
 
 Tampoco fueron registradas las deudas atrasadas impagas.
 Según datos del propio Ministerio de Economía, al 30 de junio pasado, la cifra rondaba los US$ 35.000 millones entre capital e interés, pero no se computaba como deuda del Estado Nacional, a pesar de que el Estado Nacional deberá pagar, en algún momento, al propio Estado Nacional.
 
 Por ejemplo, en el Presupuesto 2006 no se tuvo en cuenta la cancelación de pasivos con el Fondo Monetario Internacional, dicen los gobernadores.
 
 Desde hace poco más de un año, Venezuela se ha convertido en algo así como ‘el Tío Rico’ que financia a Néstor Kirchner. Sin autorización del Congreso, sin licitación previa, sin comparación de tasas de interés, sin darse a conocer las condiciones de las operaciones, Caracas ha comprado cerca de US$ 3.000 millones en bonos argentinos.
 
 Es interesante que, gracias a una denuncia de manipulación de precios con los bonos argentinos realizada por el matutino inglés ‘Financial Times’ y medios venezolanos, el Banco Central de Venezuela debió informar que, luego de comprar los bonos argentinos, los vendió a sus bancos locales y, estos, a entidades de los Estados Unidos.
 
 Según se estimó, desde Wall Street esos papeles de deuda regresaron a la Argentina bajo la forma de “lluvia de inversiones post default”.
 
 9. La próxima crisis
 
 También se supo que el Banco Central de Venezuela vendió, hasta fines de febrero, US$ 1.500 millones de bonos de deuda argentinos y había ganado US$ 75 millones.
 
 ¿Por qué se realizaron esas emisiones en el exterior? Con un sector público con $ 35.000 millones de depósitos en los bancos, ¿no habría sido más eficiente colocar esta deuda a nivel local?  

Los bancos privados, que tenían una gran liquidez, ¿no podrían hacer retenido ese endeudamiento en el mercado doméstico? La mayor sospecha es que hubo un gran negocio oculto en la compra-venta de los bonos a Venezuela.
 
 Para peor, hace algunos días Economía colocó en el mercado internacional un bono por US$ 500 millones a una tasa 100 puntos básicos más cara de la estimada como onerosa para el mercado local. El gran comprador del Bonar V fue el Deutsche Bank, entidad en la que trabajó Alfredo McLaughlin, actual secretario de Finanzas.
 
 ¿No es burdo o, al menos, sospechoso?
 
 Mientras se realizaba la renegociación de la deuda externa, abundaron los rumores de que el Banco Central de España había comprado bonos en nombre de la Argentina para sumar ‘masa crítica’ al monto a reestructurar. A cambio del favor, la Argentina habría realizado algunos pagos internacionales que nunca fueron informados. Inclusive, los bancos organizadores habrían actuado en forma similar pero nunca se conoció algún informe oficial acerca de la negociación realizada por Guillermo Nielsen.
 
 Para el futuro, una vez que haya terminado la administración K será analizar todas estas operaciones realizadas con la deuda externa y averiguar si hubo negociados o maniobras sospechosas o ilegales. Es otra de las cuentas pendientes.
 
 Los economistas hablan de proceso cíclicos y anticíclicos. Tomando en cuenta los movimientos que ocurren en la economía global o en la de un país o en la de una provincia, la administración de las cuentas públicas al ritmo del ciclo que se registra es una fórmula segura para que, cuando el ciclo cambie, se produzca una crisis.
 
 En la Argentina, es común que los funcionarios actúen a favor del ciclo y, cuando cambia la tendencia, se producen ‘cracs’ muy profundos. Así, desde la devaluación, con una mayor recaudación que exhibe tendencia creciente y una economía que crece en forma constante, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no han hecho más que acelerar el gasto público.
 
 10. Acertijo
 
 En algún momento, la Argentina crecerá a menos de 9% anual, probablemente padezca déficit cuasifiscal, y sufrir algún problema para colocar deuda pública, podría descender la recaudación, o impactar en forma negativa una crisis internacional (la Convertibilidad soportó tres pero se desplomó en la cuarta), u ocurrir algún acontecimiento no previsto en los planes de políticos y economistas. ¿Qué ocurrirá entonces?
 
 Seis meses antes de las elecciones de octubre de 2005, Roberto Lavagna le había pedido a Néstor Kirchner que desacelerara el ritmo del gasto público con el fin de controlar la inflación. El gasto se frenó entre abril y junio, y se reactivó para la campaña electoral.

 Durante la campaña electoral, Néstor Kirchner concretó 70 actos proselitistas y realizó promesas de inversión por $ 24.000 millones.
 
 Algunos consideran posible que el Presidente tenía bajo control Aportes del Tesoro Nacional y giros especiales de la coparticipación por $ 7.000 millones. Esto explica la rápida adhesión al ‘kirchnerismo’ de los intendentes ‘duhaldistas’ y gobernadores aún de la UCR.
 
 Luego de la salida de Lavagna, con los índices de inflación de noviembre y diciembre de 2005, Felisa Miceli también solicitó a Néstor Kirchner que frenara la ejecución del gasto público, pero Felisa no es Lavagna; y ella recibió una reprimenda del Presidente de la Nación, y el enojo de todo el resto del gabinete nacional.
 
 Todo indica que el gasto no se frenó y que la inflación se ‘dibuja’ en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, para explicarla como una consecuencia de los frágiles acuerdos de precios y el castigo al mercado pecuario.
 
 Sin embargo, en las últimas semanas, ciertos movimientos de la Casa Rosada hacen temer que haya comenzado un descontrol del gasto público, sin la aprobación del Congreso y sin tener en cuenta el impacto que tendrá en las cuentas futuras.
 
 Por ejemplo:
 
 > Las tabacaleras dejarán de aportar al sistema creado por Roberto Lavagna, y que le comprometió al Tesoro Nacional cerca de $ 5.000 millones. Ante la aparición de cigarrillos de terceras marcas muy baratos, la recaudación caerá, pero no se conoce el monto exacto de la merma, aunque se estima en $ 1.000 millones menos.
 
 > Los concesionarios ferroviarios han recibido cerca de $ 400 millones en subsidios de refuerzo, que no estaban presupuestados para este ejercicio.
 
 > Fue estatizado el servicio de agua potable y cloacas que prestaba la empresa Aguas Argentinas, prometiéndose que la nueva empresa ejecutará inversiones por no menos de $ 1.500 millones, que tampoco fueron presupuestados.
 
 > Se suspendieron las exportaciones de carne por 180 días, plazo que se podría extender a un año. En el Presupuesto había casi $ 500 millones proyectados de recaudación por la venta de carne al exterior.
 
 > Por un decreto se giraron $ 500 millones para compensar las distorsiones provocadas entre los costos y los precios de venta de electricidad en el Mercado Eléctrico Mayorista. Estos fondos se suman a otros $ 500 millones ya prestados el año pasado, y que deberán ser devueltos durante el año 2007.
 
 > El secretario de Transporte, Ricardo Jaime, anunció en el Congreso que para evitar aumentos de las tarifas, todos los incrementos de costos que tengan las empresas del sector serán compensados con subsidios. Dado que se esperan aumentos de entre 25% y 30% en las nóminas salariales, los subsidios deberían crecer en forma significativa.
 
 > La Casa Rosada acaba de eliminar la clausula de ajuste CER para las deudas que tenían las provincias. Los gobernadores que, en su mayoría, buscan su propia reelección, recibieron una noticia excelente. Pero para el Tesoro Nacional implica dejar de recibir cerca de $ 2.000 millones que estaban incluidos en el Presupuesto 2006.
 
 Son algunos pasos menores, pero indican una tendencia: la Casa Rosada no quiere ordenar las cuentas durante este año. Sí se encuentra preparando las elecciones presidenciales de 2007, y es evidente que el gasto no será una variable de ajuste. Quizás por eso el Banco Central salió a ‘enfriar’ la economía, dado que el gasto podría llegar a acelerar el proceso inflacionario.
 
 En una administración que descuida el gasto, tampoco hay control de los subsidios. EDICIÓN i ya informó que la Casa Rosada entrega cada año cerca de $ 25.000 millones en subsidios, pero la cifra creció desde la salida de la Convertibilidad y no parecen impactar en la productividad ni en la producción (la economía crece por el consumo interno y por las compras agrícolas de China, no por los subsidios).
 
 11. Gastos sin control, gobierno sin control
 
 En la administración de Néstor Kirchner hay demasiados gastos, subsidios, operaciones de deuda, colocaciones financieras y reasignaciones presupuestarias sin control.
 
 Inclusive hay profundas distorsiones cuando se analizan los datos en la llamada ‘base caja’, es decir, cuanto del gasto previsto se ejecutó en realidad.
 
 Por ejemplo, la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP) detectó que durante el año pasado hubo gastos por casi $ 7.500 millones que no fueron considerados por las cuentas oficiales o por el Presupuesto.
 
 Del total analizado, casi $ 6.000 millones fueron compensaciones a bancos que no fueron anunciadas y $ 1.500 millones se destinaron a la colocación de bonos bajo la par, esto implica que la Argentina vendió papeles de deuda baratos cuando en el mercado hubiese obtenido más dinero.
 
 Tampoco existen controles reales sobre la obra pública, uno de los rubros claves para que la Casa Rosada pueda canalizar recursos con destinos políticos. Néstor Kirchner ha anunciado hasta tres veces la misma obra de infraestructura, pero no se informó sobre el estado de la obra, ni quiénes fueron los adjudicatarios de las licitaciones, ni los tiempos de construcción, ni los presupuestos totales ni las fechas de entrega de la obra terminada.
 
 Para Néstor Kirchner, las empresas públicas son ‘nichos’ de negocios propios. Sus presupuestos son casi secretos, su gestión, también; se desconocen los montos de subsidios, carteras de juicios, ganancias o pérdidas y otros detalles de gestión. Por ejemplo, ‘se dice’ que el Correo estatal consigue utilidades, pero no se ha precisado si la empresa paga impuestos o cómo es que las tarifas fueron aumentadas casi 300% desde su re-estatización.
 
 Menos control hay sobre los gastos de la publicidad del Estado, de los sobresueldos que se pagan a los funcionarios políticos o acerca de la ejecución del presupuesto de la Secretaría de Inteligencia del Estado. El llamado ‘dinero negro’ de la administración K es uno de los grandes enigmas del gasto público argentino en el siglo 21, tal como sucedió durante los ‘90.
 
 De todos modos, no hay que extrañarse que el gobierno de Néstor Kirchner carezca de algún control porque desde hace años escasea la precisión contable en la gestión pública. Por ejemplo, desde mayo del año 2003 se vació de contenido a la Sindicatura General de la Nación y a la Auditoría General de la Nación. Ambos organismos actúan casi de oficio, y nunca llegan a profundizar en los temas sospechosos o en las dudas que surgen.
 
 Tampoco los otros órganos de control del Estado investigan. La Unidad de Investigaciones Financieras, que controla el lavado de dinero, carece de autoridades; los órganos de control o entes reguladores de las privatizadas se encuentran descabezados u dirigidos por funcionarios políticos escasamente preparados o no idóneos. En cuanto a la Superintendencia de Bancos casi no vigila a las entidades financieras y la Administración Fiscal de Ingresos Públicos nunca vigila los números de políticos y funcionarios. 

Acerca de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, mejor ni recordar que existe.
 
 Si el Estado Nacional no tiene control, el poder político es absoluto y la acumulación de distorsiones padecerá un estallido. O bien por el regreso del déficit fiscal, o por el aumento de impuestos, o por denuncias internacionales, o por mayor inflación, o por el regreso del déficit cuasifiscal. Ya ocurrió en 1982, en 1989, en 1994 y en 2002. Cada crisis fue diferente, pero el impacto fue cada vez más profundo.
 
 Una crisis por culpa de los errores cometidos por la administración de Néstor Kirchner no es un pronóstico negativo, es casi una certeza económica a la que solamente le falta una fecha cierta.  

 
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