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 En un país sin seguridad jurídica no hay inversioens - 21-7-06

Las primeras señales del Club de París son adversas
La refinanciación de la deuda con los Estados desarrollados sería decisiva para recibir inversiones de gran importancia.


Marcelo Bonelli
mbonelli@clarin.com

Los banqueros y funcionarios internacionales tuvieron una durísima recepción a los sondeos iniciales de Argentina para negociar la deuda en default con el Club de París.

Los miembros de esa institución trataron "muy ásperamente" a la Argentina. Ocurrió en una reciente reunión del Club de París, pocos días antes de que el Presidente Kirchner viajara a Europa y la ministra Felisa Miceli hablara —por primera vez— de normalizar la deuda impaga que existe por US$ 6.000 millones con los tesoros de EE.UU., Europa y Japón. Fue el 14 de junio en la sede del organismo, en París, en una cumbre a la que convocó el titular del Club, Xavier Musca, y el ministro de Economía francés, Thierry Breton.

El "mal clima" hacia la Argentina se reflejó en un comunicado oficial, en el cual —de forma exagerada— se equiparó la situación de Argentina con los problemas de Irak. Así lo dice: "La segunda parte de la reunión fue dedicada a los casos de los países Irak y la Argentina". Pero los peores dardos fueron lanzados por los "referentes privados" de la comunidad financiera internacional que estuvieron en el encuentro. Entre ellos, el influyente Jacques De Larosierre, del Instituto Internacional de Finanzas; Stanley Fischer, titular del Banco de Israel, y Jean Claude Trichet, jefe del Banco Central Europeo. La reunión fue tan dura que hizo llamativo un detalle: la exposición de Michel Camdessus fue la más benévola.

Había en el cónclave funcionarios de línea del FMI e hizo su presentación política el flamante reemplazante de Anne Krueger: el nuevo vice del FMI, el banquero John Lipsky.

Los financistas reflejaron que aún siguen abiertas "las heridas" por la quita de la deuda externa y están dispuestos —cuando tengan una oportunidad— a castigar a la Argentina. Además, coincidieron en dos posiciones políticas:

Acusaron a nuestras conducciones económicas de no respetar los "códigos de conducta internacional" para negociar la deuda en default. Esto fue aprobado por una cumbre del G7 y elaborado por Trichet.

Manifestaron su malestar con el FMI, por su nula efectividad como representantes de la comunidad financiera.

Así, el encuentro tuvo un duro mensaje. Y ese fastidio aparece cuando Argentina busca inversiones para crecer. Ninguna empresa internacional tendría intenciones de invertir "fuerte" en la Argentina hasta que no se normalice la deuda con el Club de París, porque de eso depende que los gobiernos desarrollados otorguen "garantías" para esas colocaciones. Y será imposible llegar a un acuerdo mientras exista, entre los banqueros y funcionarios, un humor adverso hacia Argentina.

Ayer no había información de esta reunión en el Palacio de Hacienda. La ausencia de estos datos clave refleja cierta impericia en el manejo de la cuestión. Esto ocurrió a pesar de que el comunicado final fue público y mientras la Secretaría de Finanzas elabora la presentación que hará en Francia.

El secretario de Finanzas Alfredo Mc Laughlin encontrará ese ambiente hostil cuando inicie su misión europea. Tampoco llegará en buen momento: Miceli quiere que viaje cuando comiencen las vacaciones europeas y muchos funcionarios no estén en sus oficinas.

Clarín confirmó que la propuesta que el Palacio de Hacienda tiene elaborada es la siguiente:

Propone una refinanciación a 12 años de plazo de los 6.000 millones de dólares con el Club de París.

Exige un período de gracia de seis años. Es decir, la mitad del plazo de pago sin abonar un centavo.

Fija la tasa más baja del mercado.

Miceli sondeó la viabilidad de esa estrategia el miércoles, en la reunión con Pedro Solbes. El ministro de Economía español contragolpeó: fue Solbes, y no Miceli, quien exigió que una parte de la deuda de Argentina con España salga del Club de París y sea directamente abonada por Buenos Aires.

Así lo dijo: "Queremos que el aporte que hicimos en medio de la crisis sea tratado como las deudas que Argentina tenía con el FMI". En otras palabras, que Argentina la pague bilateralmente. Se trata de US$ 836 millones que aportó España al blindaje al inicio del 2001.

Miceli se excusó del problema. Para ella, el inconveniente obedece a un error previo a su gestión, a una herencia irresuelta con la que debe cargar.

Ayer, la cuestión se abordó en la cumbre entre Néstor Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero. El Presidente hizo una sugerencia: "Que España nos dé un plan de financiación a baja tasa y nosotros le abonamos la deuda directamente, sin pasar por el Club de París". La prioridad de Kirchner es fortalecer las reservas y por eso ya no habla de abonar nada al contado.

Pero la traba que tiene Rodríguez Zapatero son las propias ineptitudes que cometió España en el tratamiento de la obligación. Rodrigo Rato —como ministro y en nombre del Estado español— envió en marzo del 2003 una nota oficial a Francia incluyendo esa acreencia de 836 millones con la Argentina como parte de las obligaciones del Club de París.

Ahora, para llevar adelante una refinanciación bilateral, primero España tendría que lograr una autorización explícita de los otros países acreedores del Club de París. Rodríguez Zapatero tendría que pedir una dispensa a los acreedores para tener un tratamiento especial por parte de Buenos Aires, lo cual es casi una quimera frente a la opinión financiera que existe contra la Argentina.

Solbes, a pesar de las desmentida oficial, también reclamó por el tema tarifario. Se quejó frente a Miceli por la resistencia que tiene Argentina en dar una fecha de revisión global de tarifas.

La presión de las compañías fue lo que cambió a último momento el discurso del Presidente en el Consejo Superior de Cámaras Empresarias.

Kirchner arremetió así: "Ustedes piden seguridad jurídica, pero yo les pido una autocrítica". Y terminó con una punzante pregunta: "¿Qué seguridad jurídica tenían cuando invertían con una convertibilidad que todos sabían iba a volar por los aires?"

Copyright Clarín, 2006.

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