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La obsesión con el pasado atrae inversiones para el futuro? -30-10-06

EL INFORME OPPENHEIMER
 
25-10-06

‘’Hay una obsesión con el pasado’’, me dijo el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo de profesión, en una entrevista durante una visita a Perú. ‘’La idea de que los vivos están guiados por los muertos está muy viva en América Latina’’.

Por Andres Oppenheimer
Corresponsal extranjero y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald

LIMA, Perú - Las escenas surrealistas de los disturbios de la semana pasada en Argentina durante el nuevo entierro de los restos del ex presidente Gen. Juan D. Perón, que murió hace más de 30 años, plantea una pregunta interesante: ¿está Latinoamérica demasiado concentrada en su pasado, y demasiado poco concentrada en su futuro?
No es una pregunta académica. Por donde uno mire en la región, hay debates apasionados - a veces violentos - sobre el pasado. Es algo que no se ve, por lo menos con la misma virulencia, en el resto del mundo occidental.
‘’Hay una obsesión con el pasado’’, me dijo el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo de profesión, en una entrevista durante una visita a Perú. ‘’La idea de que los vivos están guiados por los muertos está muy viva en América Latina’’
En Argentina, hubo disparos y varios heridos durante una confrontación entre grupos rivales del gobernante partido peronista el 17 de octubre, mientras los restos del general Perón - que murió en 1974 - eran trasladados de un cementerio en Buenos Aires a un nuevo mausoleo a unos 50 kilómetros al suroeste de la ciudad.
La solemne caravana fúnebre, escoltada por 120 granaderos a caballo, recorrió las calles de la ciudad mientras miles de admiradores saludaban el cortejo con cánticos de ‘’Perón vive’’. Los canales de televisión interrumpieron su programación habitual y trasmitieron todos los detalles del cortejo.
Ahora, surgió un debate en Argentina sobre si la mujer de Perón, la legendaria Evita, no tendría que estar enterrada con su marido. Los restos de Evita están en el céntrico cementerio de la Recoleta, y sus familiares no quieren que salgan de allí.
Mientras tanto, la decisión del presidente Néstor Kirchner de reabrir causas de derechos humanos de los años setenta ha resucitado un debate nacional sobre la ‘’Guerra sucia’’ de esa época. Lo mismo está ocurriendo en Chile y Uruguay, donde los gobiernos han reabierto causas de derechos humanos que habían sido archivadas, y en México, donde sigue vivo el debate sobre la necesidad de castigar a los responsables de la matanza de estudiantes en la plaza de Tlatelolco en 1968.
En Bolivia, el presidente Evo Morales vive hablando de un supuesto pasado glorioso de los indígenas de su país. En un acto el 12 de octubre, Morales exigió justicia para reparar 500 años de opresión de la mayoría indígena de Bolivia. Morales me dijo en una entrevista hace algunos años que Bolivia debía retornar al socialismo indígena, porque “la cultura de Occidente es la cultura de la muerte”.
Y en Venezuela, el presidente Hugo Chávez no sólo le suele hablar al retrato del libertador Simón Bolívar en sus discursos al país, sino que ha llegado al extremo de cambiar el nombre del país por el kilométrico ‘’República Bolivariana de Venezuela’’.
La fijación con el pasado no es sólo un fenómeno propio de los políticos. Si uno mira las listas de libros más vendidos en muchos países latinoamericanos, la mayoría son libros de historia, o novelas históricas. El best-seller actual en gran parte de la región es la novela histórica de Isabel Allende Inés del Alma Mía, sobre la compañera del conquistador Pedro de Valdivia en el siglo XVI.
‘’Perón, Bolívar, todos ellos eran gente que jugo un rol importantísimo en su tiempo. Pero, por Dios, miremos para adelante’’, me dijo el ex presidente brasileño Cardoso. ‘’Mirar siempre atrás produce muchas limitaciones. El mundo es otro, y la gente no lo ve’’.
Mi opinión: estoy de acuerdo. Es absurdo tomar como un dogma lo que decía Perón, que murió antes de que se difundiera la Internet, o Bolívar, que murió casi medio siglo antes de que se inventara el teléfono.
No hay nada de malo en que los países examinen su pasado, y esclarezcan casos de flagrantes violaciones a los derechos humanos. Pero si eso consume gran parte de sus energías, y les impide centrarse en el futuro, es una receta para quedarse atrás en un mundo que avanza a toda máquina.
La semana pasada, por ejemplo, no se vieron muchos titulares en la región sobre el nuevo Informe de las Inversiones Mundiales 2006 de las Naciones Unidas, que dice que mientras las inversiones extranjeras directas a nivel mundial crecieron un 29 por ciento el año pasado, las inversiones en América Latina crecieron sólo un 3.1 por ciento.
El informe fue una señal de alerta de que si Latinoamérica no atrae más inversiones, se quedará cada vez más atrás de China e India. Sin embargo, el reporte pasó casi desapercibido. Los titulares del día se centraban en noticias como el traslado de los restos de Perón, entre cánticos de ‘’Perón Vive’’.

(c) 2006 El Nuevo Herald
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