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Informe económico - 12-12-06
Extracto del Informe de los Dres. Massot-Monteverde  del 5-12-06
 
De persistir el comportamiento expansivo de la política fiscal, monetaria y de ingresos, la inflación trepará nuevos escalones el año próximo.
 
En el camino, será inevitable algún reacomodamiento de precios relativos, particularmente los de la energía y combustibles.
 
En los próximos meses se hará manifiesto el divorcio entre las mediciones del IPC y la efectiva evolución de los precios de la economía.
 
De todas formas, algunos ajustes demorados, como las subas tarifarias para comercios e industrias ya concedidas a Gas Natural BAN (17 %) y a Edenor y Edesur (15 %) —a implementarse en febrero— y alguna mejora ya impostergable en los precios de los combustibles, repercutirán tarde o temprano en el índice minorista.
 
También están pendientes los aumentos en los aranceles de la medicina prepaga y subas en alimentos y bebidas.
 
Dado el previsible aumento del gasto por proselitismo y el creciente nivel de subsidios que demandarán la crisis energética y los acuerdos de precios, la política fiscal continuará siendo expansiva, salvo un aumento de la presión tributaria (ADAPD: la presión tributaria para la población es insostenible: impuesto a las ganancias que castigan a los empleados en blanco de la cuarta categoría en forma discriminatoria y desmedida, IVA, bienes personales, etc.).
 
Salarios, jubilaciones y pensiones, planes sociales, y obras públicas recibirán renovado impulso en la medida que se aproxime la fecha de las elecciones.
 
Queda claro que el sistemático recurso a los fondos públicos para evitar desbordes callejeros y resolver los conflictos que desata la política de control de precios terminará por horadar la solvencia fiscal.
 
Esto significa que durante 2007 el aumento del gasto público aventajará al crecimiento de la recaudación.
 
A ello se sumará un déficit del consolidado provincial, que estimamos en $ 4500 MM.
 
       El gobierno redoblará el control de la economía y la política de precios máximos, lo que significará más barreras a las exportaciones y más subsidios.
 
 Las retenciones, las prohibiciones de exportar, las suspensiones, y la manipulación de precios de referencia provocan caídas en los precios de los productores mucho mayores a la reducción que reciben los consumidores.
 
Este perjuicio a la producción acarrea la necesidad de nuevos y mayores subsidios.
 
Los crecientes controles y la intromisión estatal en asuntos privados reforzarán la percepción de inseguridad jurídica y de arbitrariedad en las decisiones de gobierno.
 
 
Recaerá en la política monetaria la responsabilidad de contener las fuerzas inflacionarias desatadas, por lo que creemos que una apreciación real del peso será inevitable.
 
Téngase en cuenta el formidable impacto expansivo que, de otra forma, puede significar el absorber hasta U$ 10000 MM excedentes del mercado cambiario en el marco de un menguado saldo de redescuentos con limitada posibilidad de precancelación y una participación declinante del Tesoro en la adquisición de reservas.
 
Menores compras de divisas o una fuerte suba de tasas, y consiguiente apreciación del peso en ambos casos, son entonces las únicas opciones disponibles para contener la inflación.
 
Ese endurecimiento de la política monetaria acentuará la ralentización paulatina del crecimiento económico.
 
Y, que también se verá perjudicada por los controles de precios en el sector alimentario, de alta intensidad de empleo.
 
La escalada inflacionaria, el progresivo deterioro de la holgura fiscal, la desaceleración de la actividad y el mayor peso de los servicios de la deuda anticipan complicaciones para un eventual segundo mandato de Kirchner.
 
 La desaceleración de la economía tendería hacerse manifiesta hacia 2008.
 
En primer lugar, el fuerte arrastre del crecimiento de este año sobre el próximo no se repetirá hacia el 2008.
 
La serie histórica, a partir del segundo trimestre del año pasado, ya mostró cinco caídas consecutivas en la tasa de crecimiento de la actividad económica: 10,4 %, 9,2 %, 9 %, 8,8 % y 7,9 %.
 
Es probable que —paradojalmente— esa tendencia se quiebre en forma temporaria durante estos últimos meses del año como consecuencia de la escasez que lleva a muchas industrias a adelantar producción para mejor sobrellevar la temporada estival.
 
La creciente utilización de capacidad instalada (74,1 % en octubre contra 73,1 % un año antes) señala la escasez de inversiones de magnitud.
 
De ser el principal motor de la economía, la actividad de la construcción ha pasado ahora a constituir un freno.
 
Tres caídas mensuales consecutivas parecen anticipar una evolución mucho más débil para este sector en 2007.
 
De todas formas, debe tenerse presente que en la notable caída de octubre incidió la reducción de obras viales y de infraestructura, factor que con seguridad se revertirá en el año electoral.
 
Cambia el modelo: se desacelera la producción de bienes mientras que los servicios, particularmente la intermediación financiera y el comercio, han pasado a ser los impulsores de la actividad.
 
La escasez energética alcanzará su pico en la primera mitad de 2008 pues —tal como acaba de reconocer el secretario de Energía— recién sobre “fines de 2008 ó principios de 2009” el sistema energético “volverá a la normalidad”.
Durante el verano y el invierno próximos, en tanto, se cargará a los grandes consumidores industriales y a las ciudades de menor tamaño con el grueso de los cortes para asegurar —en lo posible— el suministro a los grandes centros urbanos.
 

La desaceleración de la actividad deteriorará la reducida recomposición del empleo

La tasa de desocupación apenas se redujo 90 pb pese a que la economía vino creciendo a un ritmo superior al 8 %.
 
La brusca desaceleración de la construcción puede afectar los indicadores de empleo.
 
Los crecientes controles y las complejas y costosas normas laborales tienden agrandar la proporción del trabajo en negro.
 
Seis de cada diez nuevos trabajos en los hogares de menores ingresos corresponden a empleos informales.
 
Confirmando las conclusiones de una investigación que efectuamos hace dos años, un estudio de la AFIP encontró que los diferentes impuestos absorben hasta la mitad de la remuneración bruta de un trabajador registrado.
 
La presión fiscal sobre el salario va desde el 45,6 % para decil de hogares con menor nivel de ingresos al 48,8 % para el decil de mayores ingresos.
 
La presión real es aún mayor si se considera el impuesto a los Bienes Personales y el impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, que no fueron tomados en cuenta en el estudio.
 
 
Escándalo jurídico: la Corte Suprema prepara un fallo que avalaría pesificación.
 
Habilitaría a los 87000 ahorristas que mantienen demandas ante la Justicia a cobrar $ 2,86 por cada dólar depositado.
 
El valor, cercano al actual, surge de aceptar la pesificación a $ 1,40, actualizarla por CER y aplicarle la tasa de 2 %.
 
Lejos de resolver definitivamente el problema, impulsará nuevos reclamos de ambas partes.
o Los ahorristas reclamarán intereses porque —es evidente— cobrarán menos de lo que depositaron originalmente.
o Pero las entidades, a su vez, podrían reclamar que quienes —por la interposición recursos de amparo— lograron recuperar sus depósitos en la moneda extranjera
 
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