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Usuario :    Crisis energética: la frazada corta - 30-5-07 . . .
 
 
 

La candente crisis energética se asemeja a la historia de la frazada corta. Y con la llegada de oleadas de frío que rozan los cero grados, como ha ocurrido durante los últimos días, esa historia cobra más sentido todavía. Se les corta el suministro energético a unos, industrias, para beneficiar a otros, usuarios domiciliarios, pero cuando una usina sale de funcionamiento todos pierden.

El sistema eléctrico está al límite del colapso a causa del aumento de la demanda, lo cual, combinado con la escasez de gas y falta de inversiones en infraestructura, está dejando a millones de argentinos a oscuras y con baja presión de gas día tras día. Un combo indeseado justo cuando más precisa la Argentina un sistema capaz de soportar un pico de demanda por el crecimiento económico y el mayor uso de calefacción para afrontar bajísimas temperaturas.

Cuando la noche ya había llegado anteayer con sus temperaturas polares, el sistema alcanzó el pico de consumo máximo de su historia, que, sumado a un desperfecto en una de las usinas y a la indisponibilidad de centrales que continúan averiadas o no han vuelto a funcionar con todo su potencial, derivó en un apagón generalizado.

Esos problemas se precipitaron cuando todavía no se han solucionado los inconvenientes causados por el incendio de un transformador en Ezeiza, casi dos semanas atrás. La magnitud del siniestro resultó en un corte energético que afectó el 25 por ciento de la demanda en la zona oeste de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense. Para suplir la carencia de la alimentación del sistema por la salida de funcionamiento de los transformadores se importa energía eléctrica desde Brasil y Uruguay.

El problema se ha agravado con la falta de gas, que llevó al gobierno nacional a interrumpir los envíos de ese fluido a Chile, como ocurrió años atrás cuando la crisis de suministro colocó al país en una situación similar a la que se vive por estas horas.

Las restricciones han llevado a los funcionarios del Gobierno a solicitarles a clientes grandes y medianos que restrinjan el consumo, por lo cual grandes compañías y pymes dejaron de utilizar energía para no sobrecargar el parque eléctrico. Tanto las centrales eléctricas como las plantas fabriles han tenido que recurrir al empleo de combustibles alternativos, como fueloil, gasoil o gas licuado, con los consecuentes costos mayores.

La falta de inversiones es una de las razones de peso de los inconvenientes que se viven actualmente. El transformador averiado en Ezeiza probablemente no se incendió por falta de mantenimiento. La razón sería que la obsolescencia de varios de esos equipos en todo el país quizá no resista ya la brutal sobreexigencia de un sistema energético que trabaja desde hace algunos años al límite, para atender una demanda que crece sin freno en virtud de distorsiones de precios y tarifas que se mantienen artificialmente reducidas a valores ínfimos tras casi seis años transcurridos desde la crisis.

La demanda récord que se anticipaba ante un consumo imparable, con inversiones paralizadas por la falta de adecuación tarifaria y la creación de métodos de financiamiento sui géneris como los fideicomisos financieros, ya no se podía cumplir ni siquiera importando el 8 por ciento de la energía desde Brasil y Uruguay en carácter de emergencia.

Los sistemas de gas y eléctrico viven sus peores días desde los cortes y racionamientos de 1988 y el verano de 1999, con restricciones de todo tipo. La ausencia de divulgación y el esfuerzo oficial por minimizar los gravísimos problemas tal vez induzcan a pensar que el sistema energético no tiene ningún inconveniente, como recurrentemente mencionan altos funcionarios. Los pronósticos realizados por diversos profesionales del sector energético se han cumplido, lamentablemente, con precisión, a pesar del menosprecio exhibido hacia ellos desde el Gobierno.

Ahora se ve con claridad que la economía argentina saturó el límite de su capacidad instalada energética. Con restricciones en el suministro de gas, gasoil, fueloil y electricidad, el país deberá replantearse si tiene sentido continuar en la fantasía de precios irreales, de asignación de supuestas culpas al sistema regulatorio y empresarial, y de agresividad y rechazo hacia los inversores que perdieron miles de millones de dólares.

Se verá si el futuro del país es sustentable negando precios y tarifas y desconociendo discrecionalmente el marco regulatorio y leyes plenamente vigentes, pero ignorados por las autoridades. Se verá si la abolición de facto de las leyes y reglas de juego, favoreciendo discrecionalmente a empresas sin respaldo técnico y financiero ni experiencia alguna, es un sistema viable. Precisamente en la empresa Transener, de elevada reputación técnica, se procura hacer ingresar a Enarsa y a un proveedor del sector eléctrico de obras públicas de gran crecimiento reciente.

El congelamiento de las tarifas -de allí surgen los recursos para las obras- fue reemplazado por los mecanismos de fondos fiduciarios, con múltiples subsidios cruzados y falta de claridad, que desembocan en operaciones dominadas por hechos de corrupción, como ocurre con el escándalo Skanska, por la ampliación del Gasoducto del Norte. La corrupción entre privados, como insiste el gobierno nacional en calificar ese caso, podría ser alegada si no mediase la intervención del Estado por medio de un fondo fiduciario público.

Otro año con problemas se asoma en el horizonte. Ante ello es imprescindible una modificación de la política de precios y de regulaciones en el sector que permita afrontar sin titubeos y de manera urgente la crisis energética, que ya no se puede seguir subestimando.

 
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