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Usuario :    Empieza el cambio - 26-7-07 . . .
 
 
 

Escrito por Agustín Monteverde, publicado en Ambito Financiero

“Viento de cola” es una figura que mucho se ha usado para explicar que la fortuna
—en este caso, el contexto internacional— ha sido responsable de una parte
sustantiva de la recuperación de la economía argentina a partir de 2002. Una
extraordinaria coincidencia de eventos excepcionales compensó o permitió disimular
en estos años el desmanejo de otras cuestiones, como la inversión, la infraestructura
energética, la inflación y las distorsiones de precios, o el vertiginoso crecimiento del
gasto y de la deuda cuasifiscal.
Excepcionales precios de nuestros commodities agropecuarios y menores
valores unitarios de nuestras importaciones mejoraron nuestra balanza y alimentaron
la caja fiscal con retenciones. Y una exuberante liquidez global, achicó diferencias
entre Suiza y Uganda, reduciendo la prima por riesgo y acercándonos capitales ávidos
de retornos superiores a los obtenidos en los países desarrollados.
Se advirtió oportunamente que esas circunstancias sin precedentes eran la
oportunidad —única y pasajera— de llevar a cabo las reformas estructurales que
modernizaran a tiempo nuestra economía para poder crecer con solidez cuando el
viento —inevitablemente— sosegara.
CURARSE EN SALUD
Meses atrás, al aparecer los primeros problemas en el mercado hipotecario
estadounidense, se redoblaron advertencias: una crisis en este sector podría derivar en
una caída del gasto de los consumidores y una menor propensión al riesgo, que
afectaría seriamente el flujo de inversiones hacia los mercados emergentes.
Se señalába también que la ralentización del crecimiento de EEUU frente a
otras regiones y su gran déficit comercial profundizarían la desvalorización del dólar
en 2007.
TODO LLEGA
La reciente pulverización de dos fondos de hipotecas subprime han
convulsionado el mercado y Ben Bernanke, titular de la Reserva Federal, reconoció
que las pérdidas podrían ascender hasta los U$ 100000 MM y reducir el gasto de los
consumidores. En junio, las ventas minoristas ya se redujeron 0,9 % interanual.
Como era de esperar, los premios para los activos de riesgo se dispararon y ya
golpean a los emergentes mientras los fondos se dirigen a los seguros bonos del
Tesoro.
Tanto la caída del gasto de consumo como la notable desvalorización del dólar
son plenamente consistente con la urgente necesidad de reducir el gigantesco y
creciente déficit externo de los EEUU.
El atractivo de los activos seguros difícilmente se revierta: es improbable que la
Fed recorte la tasa en las próximas semanas; la caída récord del dólar frente al euro
equivale a una baja en las tasas estadounidenses.
SIN ESPACIO PARA LA MAGIA
En el plano local, mientras se observan indicios fehacientes de ralentización de
nuestra economía y se deteriora la solvencia fiscal (cae el superávit primario mientras
el gasto crece por encima del 50 % interanual), la aceleración inflacionaria sigue
erosionando la ventaja cambiaria del dólar alto nominal. Las importaciones crecen 5,5
veces más rápido que las exportaciones. La competitividad cambiaria se mantiene hoy
más por la desvalorización del dólar frente a otras monedas que por la suba del tipo de
cambio local.
El flight to quality sumado al clima local de persecuciones arbitrarias, controles
de precios, y escándalos del INDEC y de corrupción han duplicado el riesgo país y
complicado el financiamiento público: la demanda de bonos argentinos se redujo y
exige tasas más altas.
Para sostener el cuadro fiscal y dinamizar nuestra economía ya no hay espacio
para una nueva “devaluación exitosa” —es decir, que no se traslade inmediatamente a
los precios de los bienes y a los costos de los factores. La situación es enteramente
diferente a la de 2001: los supuestos beneficios de una devaluación hoy serían más
que compensados por la consiguiente disparada inflacionaria.
Ya no hay lugar para la magia. Solo un urgente y completo rediseño de la
estructura tributaria podrá asegurar solvencia fiscal en el marco de un acceso
restringido al financiamiento, tipo de cambio real en persistente deterioro y un futuro
pero inevitable reacomodamiento de los precios relativos.

 
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