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Y con la inflación... llega la pobreza en crecimiento 15-10 . . .  

Y con la inflación... llega la pobreza en crecimiento 14-10-2007

POR SANTIAGO GALLICHIO

La “ ilusión monetaria “ de la inflación es un fenómeno ya conocido en la Argentina, pero evidentemente con lo ocurrido no basta: hay dirigentes que presentaron a la inflación como un fenómeno hasta positivo. Sin embargo, su efecto es terrible, en especial para los más humildes.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Exante). La inflación es un problema que crece lenta pero continuamente en la Argentina, desde que el Banco Central cambió de autoridades. 

De haberse convertido en amenaza hiperinflacionaria en 2002, la inflación ya se había transformado en un fenómeno controlado para 2005, cuando creció sólo un 6% anual. 

Pero el cambio de autoridades acontecido sorpresivamente en septiembre de 2004 trajo consigo lo que se temía: un crecimiento continuo de los índices que hoy alcanzan el 16% anual, si son medidos por medio del que releva la inflación minorista en el interior del país y no por el distorsionado IPC que, como es el que determina el CER, sólo acusa un increíble 8,6%.

Son muchos los economistas que sostienen que un poco de inflación lubrica la economía y ayuda al crecimiento. Este tema fue un asunto central de la discusión económica internacional y tuvo su apogeo con la postulación de la llamada “curva de Phillips”, que mostraba cómo se relacionaban, en la realidad económica de muchos países, momentos de mayor inflación y menor desempleo y viceversa.

De allí se derivaron recomendaciones de política económica que no evitaban el alza de precios, siempre que fuera moderada, para ayudar al crecimiento y tender al pleno empleo.

El gobierno de Kirchner, y seguramente el de Cristina, si asume en diciembre, creen en la curva de Phillips, pusieron un presidente en el Banco Central que, si bien de algún modo algo más sofisticado, cree en ella y todos juntos la aplican y la sostienen en la Argentina.

De hecho, las discusiones actuales con la oposición acerca de la inflación se centran en si existe o no un nivel que ronda el 20%, pero el oficialismo acepta que niveles del 10% son, no sólo aceptables, sino preferibles. Y en esa posición no está sólo el matrimonio presidencial sino también los funcionarios de Economía y del Banco Central, por cierto con matices de sofisticación crecientes, en ese orden.

Hasta aquí no parece haber ningún inconveniente con la política monetaria de la Argentina actual. La secreta curva de Phillips nos está ayudando a crecer.

El problema es que esta curva fue propuesta en 1958, explicó perfectamente lo acontecido en la economía norteamericana durante los ’60 y, gracias a los gobiernos que se confiaron en su magia, ayudó a provocar, como un verdadero protagonista principal, la hiperinflación norteamericana de los ’70 que culminó en una gran recesión y el abandono del patrón oro del dólar.

A partir de entonces, otros modelos mucho más sofisticados explicaron la inflación y las teorías monetaristas lograron por fin erradicarla del mundo civilizado. La inflación es hoy como la tuberculosis: ya no existe en ningún país que quiera erradicarla, porque la vacuna está disponible en todas las farmacias. Se llama: independencia de los bancos centrales.

Si un banco central quiere tener baja inflación, no tiene ningún impedimento para lograrlo. La década de convertibilidad en la Argentina es un ejemplo más de los tantos existentes y sirve como caso extremo. Nadie proponía en los ’90 ridiculeces como el “boicot al tomate o a la papa”, algo que lamentablemente se lee en los periódicos serios de la Argentina actual y se escucha en las arengas presidenciales.

¿Cuál es la lógica detrás de esta relación entre mayor inflación y mayor crecimiento?

La realidad es que la inflación es un engaño persistente en el tiempo. Las personas acuerdan sus negocios a través de los precios que establecen a lo que compran y venden, sean sus productos o su propio trabajo. Esos precios son pactados en pesos.

El valor del peso no entra en la negociación diaria, porque se supone que no cambia, que es estable: justamente ése es el mandato principal y excluyente de todo banco central independiente. 

Pero los bancos centrales de los países inflacionarios no cumplen con su mandato y devalúan la moneda que emiten, ofreciendo más que lo que se demanda de ella. Al hacerlo, engañan a las personas que han pactado sus precios.

En la siguiente negociación, tras haber enfrentado costos crecientes con sus ingresos, esas personas pedirán más pesos por el mismo trabajo o producto y lo obtendrán. 

Quedarán contentas con ello, pues se ilusionarán con tener más dinero que antes. 

Creerán íntimamente que les va mejor, que venden más y se animarán a invertir para aprovechar esa suerte que, creen, les ha tocado ahora a ellos.

Como a todos les sucede lo mismo, todos creen que su sector ha sido el elegido y la economía crece más de lo que lo haría si la gente tuviera una información más veraz y no engañosa. ¡El milagro está entre nosotros!

Ese fenómeno de “ilusión monetaria” nos enseña que es difícil aceptar que el dinero no es estable y mucho más cuanto mayor haya sido el período de estabilidad que se ha vivido anteriormente.

Lo que viene sucediendo en la Argentina post-convertibilidad no habría sido tan duradero sin esos 11 años de estabilidad. A comienzos de los ’90, con la práctica hiperinflacionaria que tenían los argentinos, estos engaños no habrían durado más que unas pocas semanas. Hoy llevamos ya casi un año de alta inflación y todavía el gobierno se siente con margen para estirar el engaño. 

Lo mismo sucede en los EE.UU., cuyo banco central decidió un mes atrás emitir muchos más dólares de los que ya emitió (recortó la tasa de interés), confiado en que la inflación no se desatará: los años posteriores a la hiper de los ’70 fortalecieron al dólar tanto que la gente aun cree en él, a pesar de que lleva 4 años de continua y creciente depreciación.

El límite de la inflación

¿Hasta cuándo se puede seguir con estos modelos de “ilusión-engaño monetario”? En los países centrales, hasta que la inflación supera niveles medios, de alrededor de 3-4% anual.

En nuestro país, el límite está relacionado con aspectos sociales básicos: cuando la inflación hace crecer la pobreza y la indigencia, debido al aumento que provoca en los bienes primarios. 

Y en ese punto estamos hoy en la Argentina, ¡y con tanta falta de oportunidad que se da en pleno proceso electoral! Que alguien lo note y, mucho menos, que defina una elección, eso es harina de otro costal…

Los dibujos estadísticos que se vienen realizando en el INDEC desde febrero de este año, con el motivo de disminuir la inflación minorista informada, están disminuyendo engañosamente también los niveles de pobreza e indigencia conocidos por la población.

Peor aun: no sólo se subestiman en dos millones de personas los verdaderos niveles de pobreza, sino que se oculta el grave hecho socioeconómico de que, por primera vez desde la salida de la crisis, la pobreza volvió a aumentar en la Argentina.

Gracias a los elevados niveles de inflación mantenidos por el gobierno nacional, el segundo semestre de 2006 marcó el piso de los niveles de pobreza, con 26,9% de la población, para volver a aumentar en la primera mitad de este año a 28,3%.

El indicador oficial de Pobreza e Indigencia surge de la confluencia de 2 indicadores básicos: el nivel de ingresos de la población (cuya fuente es la encuesta permanente de hogares, EPH) comparados contra el nivel de precios de las canastas básicas (CBA: alimentaria, que mide indigencia, y CBT: total, que mide pobreza). 

Por lo tanto, a menores precios de las CBs, menores niveles de pobreza.

La CBA está muy correlacionada con el IPC Alimentos, que es uno de los componentes más alterados por el INDEK. Hay dos aproximaciones disponibles para estimar cuál sería el valor de la CBA actual: compararla con el IPC Real o compararla con alguna medición privada. 

En la primera aproximación, que es mucho menos precisa, una correlación estadística histórica entre el IPC y la CBA oficiales muestra cómo la CBA se ve afectada directamente por la subestimación del IPC. Si se estima la CBA de este año con el IPC Real estimado a partir del IPC Resto del País, se nota que, para agosto de 2007, mientras que la CBA Oficial creció un 12,9% interanual, la CBA Real creció un 18,9% interanual.

Para diciembre de 2007 se estima un incremento del 21,5%, con un IPC Real del 18%.

En la segunda aproximación, existen estimaciones de canastas básicas realizadas por consultaras privadas (SEL y Equis). Ambas arrojan resultados coincidentes con las estimaciones anteriores, e incluso de mayor magnitud, confirmando una vez más las sospechas de manipulación de las estadísticas oficiales.

 Mientras que las CBA del INDEC coincidían con las estimaciones privadas hasta diciembre de 2006, en torno de los $134, para agosto de 2007, la brecha entre ambas alcanza el 23,7% (SEL). Esto significa que frente a la variación interanual de la CBA Oficial a agosto de 2007, que fue -como mencionamos- de sólo 12,9%, la CBA de la SEL mostró un incremento muy superior: del 39,7%.

 La CBT es simplemente la CBA aumentada según un coeficiente de expansión que contempla la relación de precios entre los alimentos y el resto de los servicios básicos (inversa del coeficiente de Engel).

 Al respecto, hay sospechas también acerca del bajo nivel del coeficiente que utilizó el INDEC en las últimas mediciones de Pobreza.

Esta distorsión en los precios de la canasta básica genera una importante subestimación en las mediciones de pobreza e indigencia. Para calcularla, se debe contar con una medida de la distribución del ingreso entre la población que permita deducir cuántos hogares quedaron por debajo de la línea que arrojan las canastas básicas.

 Según la SEL, frente al 23,4% de Pobreza informado por el INDEC para el I Semestre de 2007, los datos reales implican niveles de pobreza del 28,3%. Esto significa que existirían 1,7 millón de personas más en condición de Pobreza de lo que el gobierno está informando a través del INDEK. No serían 8,3 millones sino unas 10 millones las personas en condición de pobreza en el país.

 Peor aun: este nivel de Pobreza implicaría que, por primera vez desde 2002, se verificó un aumento de la cantidad de personas en situación de pobreza durante este año, el que debe ser atribuido directamente al aumento de la inflación.

Conclusión: al gobierno le ha llegado la hora de cambiar de libreto. No lo hará, por cierto, a 15 días de las elecciones presidenciales, ni tampoco lo reconocerá.

Pero si la falta de reconocimiento no es sólo electoralista sino producto de un convencimiento íntimo de los protagonistas, como lamentablemente parece ser el caso, a juzgar por las palabras del la Candidata en círculos especializados, como las reuniones con empresarios, el próximo gobierno enfrentará un serio problema social.

Extraido de Urgente24.com

 
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