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Usuario :    La economía en Argentina – 17-4-08 . . .
 
 
 

    Un artículo del Dr Agustín Monteverde que fuera publicado esta semana en Ambito Fianciero- Nos pareció un interesante informe para su análisis.

 

Dramático derrumbe de la economía kirchnerista: "Eppur si muove"

 

En 2001, los polìticos argentinos festejaron el 'default'. En 2002, la megadevaluación, pesificaciòn asimètrica, retenciones y tipo de cambio sobrevaluado. En 2004, hablaron del 'milagro argentino'. En 2005, que el gasto público creciente no era un problema porque había 'viento de cola' para varias generaciones. En 2006, subestimaron la inflación. En 2008 descubren que la economía es una ciencia y violar sus leyes lleva a la catástrofe. Imitando a Galileo Galilei, tras abjurar de la teoría heliocéntrica, la economía les dice: "Eppur si muove". De esto habla la newsletter del estudio Massot & Monteverde.

 

 

 POR AGUSTÍN MONTEVERDE | 16/04/2008 | 18:25

 

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (InC.). Las cuestiones sobre las que alertamos en el pasado pretenden ahora mostrarse como problemas nuevos.       

 

Inflación en ascenso, distorsiones crecientes de precios relativos, crisis energética indisimulable, inversión insuficiente, precaria situación fiscal, perverso esquema cambiario-monetario, y fatal dependencia del precios internacionales, constituían los focos de pus escondidos bajo la piel de un sistema en apariencia saludable.

 

• Repetidas veces advertimos que fuera quien fuese el que ganara las elecciones presidenciales en 2007 heredaría un cáliz envenenado.

 

• Pero quedaba claro —y así se advirtió— que más tarde o más temprano harían erupción.

 

• También advertimos que el 2do. mandato kirchnerista incrementaría la ya elevada presión tributaria el alarmante deterioro de la situación fiscal que provocaron los subsidios dirigidos a aceitar la campaña electoral y sostener los precios regulados y la situación energética.

 

> Desde aquél momento el gobierno dispuso dos subas de las retenciones agrícolas —una en noviembre y la 2da. en marzo— e implantó retenciones a las exportaciones mineras, quebrando un régimen de estabilidad tributaria que aseguró un fuerte caudal de inversiones en los últimos 15 años.

 

> Se buscó aumentar los ingresos para el fisco en US$ 6.000 millones en noviembre y otros US$ 2.000 millones en marzo.

 

> Éste es el único propósito de la reciente alza de las retenciones; si se desease desalentar la soja no se hubiera incrementado la carga fiscal total para el sector, compensando la suba con la baja de las alícuotas de cereales o de otras oleaginosas.

 

> Tampoco es congruente el supuesto objetivo redistributivo: se trata de quitarle a unos pocos —no los más ricos— para sostener precios artificiales que benefician tanto a pobres como a ricos.

 

> La última suba dejó en descubierto el carácter draconiano —confiscatorio— y lo injusto —por inequitativo— de las retenciones; aún tomando los argumentos oficiales, no se comprende por qué tan sólo una parte de quienes tienen altos ingresos deben cargar con un impuesto especial —doble imposición— a las ganancias elevadas.

 

> Si la razón es el carácter exógeno —el aumento de los precios internacionales— de la ganancia, ¿por qué no incrementar, por ejemplo, los derechos de exportación del aluminio, hiperconcentrado en un productor que disfruta del dólar alto —salarios bajos— con altísimos precios?

 

Las extraordinarias circunstancias económicas que favorecieron el primer mandato kirchnerista ya no están.

 

• Como se partía de una terrible depresión, había una enorme capacidad ociosa que permitía crecer sin inversiones, las industrias ineficientes gozaban de la ventaja artificial que proveía el muy elevado tipo de cambio que había dejado la megadevaluación de 2002, la inflación no había afectado los costos de los factores ni los precios de los productos, y el sindicalismo había sido docilizado por un penoso nivel de desempleo.

 

• La economía paralizada había impulsado con fuerza la demanda de dinero por parte del público, lo que llevaba a la gente a absorber sin fatiga la formidable expansión monetaria que imponía el sostenimiento del dólar alto.

 

• A ello se sumaba un contexto internacional excepcionalmente favorable, con abundante liquidez —capitales baratos, ávidos de los retornos diferenciales propios de los mercados emergentes— y términos de intercambio sin precedentes —caracterizados por precios internacionales de nuestros exportables en alza y relativamente bajos de nuestras importaciones.

 

• Hoy, la capacidad de producción de la mayoría de las industrias se encuentra prácticamente saturada, lo que hace indispensable invertir para aumentar la capacidad de producción; el tipo de cambio real se ha deteriorado merced a la inflación. La persistente alza en los costos de los factores y en los precios de bienes locales dejan en evidencia que ventaja cambiaria no es igual a productividad.

 

• El alto nivel de empleo —ya en torno a un nivel friccional o estructural de desocupación— han envalentonado a los caciques sindicales y los conflictos se acrecientan.

 

• El público ya no acepta cantidades crecientes de moneda, y que no se corresponden con la riqueza generada por nuestra economía. El dinero per se no es riqueza.

 

• La economía no puede seguir absorbiendo nuevos shocks impositivos sin que sufra la actividad. En 2007 la recaudación trepó 33,2% mientras que el PBI nominal lo hizo 21,7%; pero el gasto saltó 47%.

 

• Y las condiciones internacionales han también cambiado. La liquidez escasea y los precios de los commodities agrícolas han mostrado ya preocupantes aunque previsibles retrocesos. El viento de cola amenaza ponerse de trompa.

 

Lo que antes eran sólo arriesgados pronósticos de un puñado de analistas son ahora amenazas que se levantan a la vista de cualquier observador.

 

• La inflación pasó a aventajar las mejoras de los salarios, dañando el poder adquisitivo; cayó el ritmo de creación de empleos; la inversión reproductiva se desploma; las brechas entre precios regulados y libres crece a niveles insostenibles; la falta de energía tiende a hacerse crítica y devora los recursos fiscales; la presión impositiva de nación, provincias y municipios se vuelve asfixiante; los subsidios proliferan; y para mantener el dólar alto —aunque solo nominalmente— crece sin medida la oferta de dinero, acelerando más y más la inflación al chocar con una demanda ya saturada de moneda.

 

• El ahorro se concentra en el corto plazo y el crédito mengua; el costo de endeudamiento es alto pero el rendimiento de los depósitos es negativo.

 

• Completando el círculo fatal, la actividad pierde ímpetu y la recaudación también se desacelera.

 

• Es que los problemas que afectaban al sistema en la profundidad de sus cimientos ahora ya están en superficie y el humor de la sociedad ha sufrido un vuelco.

 

• Y si con este inventario no fuera suficiente, considérese que el conflicto con el campo provocará caída de la inversión agropecuaria (precisamente el sector que más ha invertido), menos superficie sembrada, menos producción ganadera y lechera, menos crecimiento y menos recaudación.

 

La culpa es de los demás.

 

• La reacción oficial previsible es insistir en camino: más intervención, más controles, más subsidios, más clientelismo, menos transparencia, más presión tributaria.

 

• Y redoblar la apuesta: anatemizar nuevos culpables.

 

• El campo aparece como el candidato cantado a ser responsabilizado por la aceleración de la inflación y el freno de la economía en los próximos meses.

 

• Se sumará así a una larga lista de personalidades y sectores a los que el gobierno ha adjudicado la autoría de nuestros males cotidianos: Menem, De la Rúa, militares, Iglesia, compañías de servicios públicos, petroleras, bancos, oposición.

 

 
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