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Usuario :    Anuncios de utilería – 15-12-08 . . .
 
 
 

Por Roberto Cachanosky

Especial para lanacion.com

 

Continuando con el tsunami de anuncios económicos, la presidenta Cristina Kirchner acaba de lanzar un plan de obras públicas por $ 111.000 millones. Seguramente varios de ellos ya fueron anunciados en otra oportunidad pero nunca concretados y otros inaugurados varias veces. Al respecto voy a contar una pequeña experiencia que me ocurrió. Unos meses atrás tenía que hacer un viaje a una provincia. Ese viaje tuvo que ser suspendido porque no había vuelos. Averiguamos por qué no había vuelos y la respuesta fue que el aeropuerto no funcionaba. Mi contestación fue que no entendía, porque unas semanas atrás la Presidenta había inaugurado, con bombos y platillos, el aeropuerto. Desde la provincia me contaron que habían inaugurado algo que no existía porque el aeropuerto no estaba terminado. ¿Qué inauguró? Solo un montaje para las cámaras de televisión. Una obra de utilería.

 

Lo mismo que fue un montaje para la televisión anunciar el plan para comprar autos. Cuando finalmente se conocieron algunos detalles del plan y resultó ser que una parte del financiamiento se componía de los tradicionales planes de ahorro previo, quedó en evidencia que el Gobierno cree que puede cambiar el curso de la recesión montando espectáculos televisivos. De manera que habrá que ver cuánto de lo que se anunció se concreta y cuánto es solo para mostrar que el Gobierno tiene que decir algo frente a una crisis que, día a día, tiende a agravarse por los gruesos errores de política económica que vienen cometiéndose.

 

Ahora bien, dejemos de lado la tendencia a formular anuncios de utilería y discursos improvisados con escaso contenido conceptual y analicemos si, efectivamente, el plan de obras públicas anunciado puede reactivar la economía. Intentemos usar la lógica, en medio de tanta ficción, porque bueno es recordar que en economía no existe la multiplicación de los panes. Los recursos que se utilizan para una cosa no pueden usarse para otra.

 

¿Cuáles son los mecanismos de financiamiento que puede tener el Gobierno para las obras públicas anunciadas? El listado es el siguiente:

 

a) Impuestos

 

b) Crédito interno

 

c) Crédito externo

 

d) Emisión monetaria

 

Cuando uno ve la evolución de la recaudación de noviembre, cuya tasa de crecimiento anual bajó a la mitad de la que venía teniendo en los meses anteriores, duda que por ese lado sobren recursos. Pero supongamos que la recaudación mejora. Esto quiere decir que el sector privado le transferirá más ingresos al Estado. El sector privado tendrá menor poder de demanda, generando recesión en determinados sectores y el Estado tendrá más poder de demanda. Es un simple juego de suma cero. Lo que no puede gastar el sector privado por los mayores impuestos que paga, lo demandará el sector público. En términos keynesianos, la demanda global es la misma. Solo cambia el que tiene mayor capacidad de compra, pero la capacidad de compra total es la misma.

 

Podría argumentarse que el Estado le restará recursos a los sectores que tienen mayor propensión a ahorrar. Pero, ¿qué es el ahorro? Es el ingreso no consumido volcado al mercado de capitales (bancos, mercado bursátil, etc.) Esos recursos ahorrados financiaban más consumo e inversión del sector privado. Si el Estado se apropia de esos ahorros, habrá menos financiamiento para el consumo y la inversión y más gasto en obras públicas. Nuevamente, un juego de suma cero. No hay multiplicación de los panes.

 

¿Qué ocurre si el Estado financia esas obras con crédito interno? Lo mismo que lo dicho en el párrafo anterior. Desplaza al sector privado del mercado crediticio, comprime la actividad de los sectores que recibían demanda del sector privado y expande la demanda de cemento, ladrillos, acero, etc. Solo cambia la asignación de recursos y habría que demostrar que ese cambio decidido por un burócrata implica mayor eficiencia en el destino de los fondos. Teniendo en cuenta los resonantes casos de corrupción en la obra pública, cabe el derecho a dudar que un peso gastado por el Estado esté mejor asignado que un peso gastado por el sector privado. Más demanda global no va a haber. Lo que habrá es caída en la productividad de la economía por una más ineficiente asignación de los recursos.

 

Veamos ahora el financiamiento con ahorro externo. Si existiera, reactivaría la economía en el corto plazo porque el Estado podría gastar más sin disminuir el poder de compra del sector privado (con impuestos o desplazándolo del mercado de crediticio). En el largo plazo es contractivo porque ese crédito externo habrá que pagarlo y los recursos saldrán del sector privado. Aunque, cabe resaltar, que últimamente no nos hemos caracterizado por cumplir con los compromisos externos. Esto nos lleva dudar de que pueda haber ahorros externos significativos para financiar parte de los $ 111.000 millones anunciados en obras públicas.

 

Por último queda la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento del gasto. En un país como la Argentina en que se ha abusado al límite de destruir 5 signos monetarios (peso moneda nacional, peso ley 18.188, peso argentino, austral y el actual que se limita a ser unos simples vales para transacciones de corto plazo) sería muy complicado financiar las obras anunciadas con emisión monetaria. Es más, en el actual contexto de fuga de capitales, usar este mecanismo implicaría generar un estallido inflacionario y cambiario con más fuga de capitales.

 

La presidenta, dijo que gracias a que el Estado recuperó el manejo de los fondos de las jubilaciones privadas, un eufemismo para no decir que se confiscaron ahorros de la gente, había capacidad de financiamiento. La realidad es que de los $ 82.000 millones confiscados, poco de ellos pueden utilizarse para hacer liquidez. Bonos públicos, acciones de empresas privadas, fondos fiduciarios y demás instrumentos confiscados no tienen liquidez en el mercado y lo poco que tiene liquidez no tiene comprador porque se han encargado de destruir el mercado de capitales mientras otra parte el Juez Griessa se ha ocupado de inmovilizarlos.

 

Podríamos decir, entonces, que el vistoso montaje televisivo con anuncios de utilería propios de las películas de ficción que viene implementando el gobierno, no sólo carece de un financiamiento creíble, sino que, además, aunque existiera, no cambiaria el curso de la recesión, por lo apuntado más arriba. En el remoto e hipotético caso que el anuncio televisivo fuera implementado, solo conseguiría disminuir la demanda del sector privado y aumentaría la del sector público sin cambiar la demanda total.

 

Atrapado por una crisis que será más aguda, el matrimonio pretende convencernos, con muchas palabras y demasiada utilería, que no está paralizado frente a la crisis, pero en rigor este tsunami de anuncios no es otra cosa que puestas en escena para la televisión con mucho de ficción y poco y nada de realidad.

 

 
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